San Dionisio
Obispo
Año 265
Que el Espíritu Santo siga
enviando a su Iglesia sabios y
santos que aviven en todo el pueblo un
gran amor hacia Dios y una gran caridad hacia los demás.
Valioso es un amigo fiel. Su precio es incalculable (S. Biblia Ecl. 6, 15).
Entre los muchos santos que han llevado el nombre de Dionisio,
el santo de hoy fue llamado "El Grande", o Dionisio Magno. San Atanasio
lo llamó "Maestro de la Iglesia Católica", por su
gran sabiduría y el notable
ascendiente
que tuvo entre los católicos de su tiempo.
Nació y vivió en Alejandría, Egipto. Al principio era
pagano, pero después de haber tenido una visión, y al dedicarse
a estudiar la S. Biblia se dio cuenta de que la verdadera religión
es la católica y se convirtió.
En aquellos tiempos la escuela de teología más famosa que tenía
nuestra Santa Iglesia era la de Alejandría. Allá iban a enseñar
o a aprender los más destacados intelectuales del clero y Dionisio
brilló allí como un alumno especialmente dotado de gran inteligencia
y de prodigiosa memoria, y poco después de graduarse fue nombrado como
director de tan famosa escuela, cargo que ejerció durante 15 años
con aplauso de todos.
En el año 247 Dionisio fue elegido obispo de Alejandría, pero
luego empezaron las persecuciones. Al principio eran los sacerdotes paganos
que incitaban al populacho contra los seguidores de Cristo. Luego estalló
la terrible persecución de Decio, y lo primero que hizo el gobernador
de Alejandría fue mandar llevar preso a Dionisio. Los perseguidores
lo buscaron por todas partes, menos en su casa, pues se imaginaban que había
salido huyendo. Pero él no se había movido de su habitación.
A los cuatro días Dionisio dispuso huir con todos sus ayudantes pero
la policía los atrapó y se los llevó presos a todos,
menos a uno de los empleados que logró huir a contar la noticia. El
fugitivo se encontró con un enorme grupo de personas que se dirigían
a celebrar unas bodas y les narró lo sucedido. Aquellas gentes se llenaron
de indignación y con palos y piedras atacaron a la policía y
les quitaron a los prisioneros. Dionisio se oponía a esto, y se entristecía
de que ya no podía ser mártir. Pero aquellos hombres no le hicieron
caso a sus ruegos sino que lo subieron sobre una mula y lo mandaron al desierto,
para que allá quedara libre de los perseguidores. En el desierto estuvo
varios años hasta que terminó la persecución.
Al volver a Alejandría se encontró con que algunos teólogos
se oponían al Pontífice de Roma y le pedían a él
que los apoyara en esta oposición. Dionisio escribió a Novaciano,
que era jefe de los rebeldes: "Es necesario estar resuelto a sufrir cualquier
otro daño, antes que destruir la unidad de la Iglesia. Hay que estar
tan dispuesto a morir a favor de la unidad de la Iglesia, como estaría
uno dispuesto a morir por defender la fe". Y siguió siendo fiel
al Papa de Roma.
El hereje Novaciano decía que a los que cometen faltas muy graves no
se les debe perdonar nunca. San Dionisio, apoyando lo que enseñaba
el Papa San Cornelio, escribió varias cartas recomendando tener una
gran misericordia con los pecadores, y narraba cómo cuando un pobre
que había sido muy pecador en la vida, estando moribundo pedía
el perdón y la comunión, no teniendo más con quién
enviarle la eucaristía, le mandaron la comunión con un niñito,
y el pobre pecador al comulgar exclamó: "Ya he quedado libre de
mis pecados. Puedo partir tranquilo para la eternidad". Y cuenta el santo
que aquel hombre pecador Dios le conservó milagrosamente la vida hasta
que llegó el que llevaba la Sagrada Eucaristía.
Dionisio que había estudiado y enseñado por 15 años lo
referente a la S. Biblia, empleó con gran maestría una serie
de frases muy especiales de la Sagrada Escritura para combatir a los herejes.
Estas respuestas de tan notable sabio sirvieron mucho en los siglos siguientes
para enfrentarse a los que negaban verdades de nuestra santa religión.
En el año 257 estalló la persecución de Valeriano. El
gobernador de Egipto llamó a Dionisio y a sus sacerdotes y les exigió
que adoraran a los ídolos del imperio. El santo obispo respondió:
"Nosotros los seguidores de Cristo no adoramos sino al único Dios
que existe, que es el Creador de cielos y tierra. Rezamos por Valeriano y
los demás gobernantes, pero en cuanto a la religión sólo
obedecemos a nuestra Santa Iglesia. Ofrecemos oraciones y sacrificios por
la paz, el bienestar y la prosperidad de la patria, pero en cuestiones religiosas
dependemos solamente de Nuestro Señor Jesucristo". Por más
que el gobernador trató de convencerlos para que adoraran a sus ídolos,
ellos no aceptaron, y fueron desterrados al terrible desierto de Libia.
Pero a los dos años el emperador perseguidor fue hecho prisionero y
esclavo por sus enemigos, y Dionisio y sus sacerdotes pudieron volver a Alejandría.
Mas allá se encontraron que por falta de enseñanzas religiosas
las gentes se habían vuelto violentísimas y peleaban y se mataban
por cualquier cosa (la mayor parte de esas gentes eran paganas). No se podía
ya ni salir a la calle sinpeligro de ser asesinados. El santo obispo escribía:
"Es más peligroso andar tres cuadras por esta ciudad, que viajar
300 kilómetros por el resto de la nación". Les faltaba
el espíritu cristiano, que es caridad, perdón y paz con todos.
Y para colmo de penas llegaron la peste de tifo negro y la disentería.
Las gentes morían por centenares, pero entonces brilló la caridad
cristiana. Mientras los paganos echaban los cadáveres a las calles
y desterraban de sus casas a los enfermos, los cristianos dirigidos por su
obispo, sepultaban caritativamente a los muertos y asistían con gran
caridad a los infectados. Esto les atrajo muchas simpatías en la gran
ciudad.
Después de haber sido obispo de Alejandría por 17 años
dando muestra de gran prudencia y santidad y ganándose la simpatía
y la admiración de creyentes e incrédulos, San Dionisio murió
en el año 265.
San Epifanio cuenta que por muchos años las gentes lo recordaban como
un verdadero padre y maestro, y dedicaron un templo en su honor. Sus virtudes
y sus sabios escritos le dieron fama universal.