San Ezequiel
Profeta
(598 a. de C.)
10 de Abril
Ezequiel significa: "Dios es fuerte".
Oración
San Ezequiel profeta, pídele a Dios que nunca se nos vayan a olvidar los males que nos pueden venir si desobedecemos las leyes del Señor y que siempre recordemos con gran provecho los inmensos bienes que vamos a conseguir si permanecemos fieles al amor de nuestro Dios y obedecemos sus divinos mandatos.
Historia
Ezequiel era hijo de un sacerdote y él también
fue sacerdote (recuerden que en el Antiguo Testamento en Israel los sacerdotes
se casaban). Fue el profeta encargado por Dios para animar al pueblo cuando
los israelitas fueron llevados cautivos a Babilonia.
Durante 22 años predicó al pueblo de Israel en el desierto.
Dios le avisó que muchos no le iban a hacer caso: "No querrán
hacerte caso a ti porque tampoco quisieron hacerme caso a Mí, porque
tienen cabeza orgullosa y corazón terco. Pero no les tengas miedo,
pues yo te doy una voluntad aún más fuerte que la de ellos y
tan dura como el diamante", dijo el Señor.
Al principio Ezequiel predicó en Jerusalén, avisando a las gentes
que si no dejaban su vida de pecado vendrían terribles castigos y la
destrucción de la ciudad. No le hicieron caso y llegó el rey
Nabucodonosor y destruyó la ciudad de Jerusalén y se llevó
prisioneros y desterrados a sus habitantes. Incluyendo a Ezequiel.
En el desierto este gran profeta mantiene viva la fe de los deportados y los
anima constantemente a confiar en Dios. Les enseña que este castigo
no significa que Dios los haya abandonado, sino que los quiere purificar y
volver mejores.
Dios le habló a Ezequiel por medio de visiones muy misteriosas. Junto
al río Quebar se le aparece el Señor en un carro de fuego llevado
por cuatro seres vivientes los cuales tenían forma de león,
de toro, de águila y de hombre (el león significaba valor, el
toro, la fuerza, el águila, la elevación hasta muy alto, y el
hombre, la inteligencia). Esto significaba que toda la creación representada
por los cuatro seres, le servirá y le obedecerá al Creador.
Dios también le presentó en visión un campo lleno de
esqueletos. Le mandó darles una bendición, y los esqueletos
se llenaron de carne. Le ordenó darles otra bendición y los
cuerpos adquirieron vida y resucitaron. Y Dios le dijo: "Esto es lo que
voy a hacer con mi pueblo. Ahora están como muertos y desamparados,
pero yo les daré nueva vida y los llenaré de bendiciones".
En otra visión Ezequiel contempló que una carroza bellísima
donde viajaba la gloria de Dios se alejaba de Jerusalén y se dirigía
hacia Babilonia. Con esto el Señor le anunciaba que iba a abandonar
por un tiempo a esta famosa ciudad y así sucedió. Unos años
después Jerusalén fue destruida. Más tarde vio el profeta
que la carroza con la gloria de Dios volvía otra vez a Jerusalén.
Con esto se le anunciaba que la ciudad santa iba a ser reedificada otra vez
y allí se le seguiría dando gloria a Dios. Y así sucedió.
El pueblo desterrado volvió a Tierra Santa y en Jerusalén se
volvió a construir el templo y a darle allí gloria al Señor.
A Ezequiel se le murió la esposa y Dios le dijo: "No llores ni
lleves luto, porque con esto les quiero avisar que cuando les destruyan la
ciudad no les van a dar tiempo para dedicarse a lamentaciones". Todo
sucedió de esa manera.
Un día le dijo Dios: "Échate al hombro el bulto con toda
tu ropa y tus utensilios de trabajo y sal por la ciudad como quien viaja para
el destierro. Y si alguno te pregunta qué significa eso, les dirás
que eso es lo que a ellos les va a suceder si siguen pecando: tendrán
que irse al destierro con sus ropas y sus utensilios al hombro". Todo
sucedió después, tal cual como Dios se lo había anunciado.
En una visión le dijo el Señor: "Le voy a mostrar cómo
será en el futuro la religión verdadera de mi pueblo".
Y le mostró un río pequeño. El agua apenas llegaba hasta
las rodillas y se podía atravesar fácilmente hasta el otro lado.
Luego el río creció y el agua ya llegaba hasta la cintura. El
río siguió creciendo y ya el agua llegaba hasta el cuello y
era difícil atravesarlo. Al fin el río creció tan inmensamente
que no se podía atravesar. Y sus aguas refrescantes regaron todos los
campos de las orillas los cuales se llenaron de árboles llenos de muy
buenos frutos y llegaron las aguas al Mar Muerto (que es super salado y espeso
y no tiene vida de ninguna clase) y cambiaron aquellas aguas y las volvieron
muy aptas para la vida, y se llenaron de peces. Y Dios le explicó que
este iba a ser el futuro de la Santa Religión: iría creciendo
poco a poco hasta regar el mundo entero y llenar todas las regiones de frutos
de buenas obras y convertir aquello que antes era maldad y daño, en
algo provechoso y lleno de bondad. Y así ha sucedido, gracias a Dios.
La religión crece cada día más y más, y sus frutos
de virtudes y de obras buenas, son maravillosos. Y muchos ambientes que eran
como el Mar Muerto se volvieron llenos de vida espiritual, gracias a la religión.
Las gentes decían desanimadas: "Nuestros antepasados fueron los
que cometieron las maldades y ahora somos nosotros los que las tenemos que
pagar". Pero Dios le dijo a Ezequiel: "No es así como dicen.
Cada uno paga por sus propias maldades". Y le añadió una
noticia muy importante: "Si uno que era malo se vuelve bueno se olvidarán
sus antiguas maldades y se le premiará por la vida virtuosa que empieza
a vivir. Pero si uno que era bueno se vuelve malo, se olvidará lo bueno
que hizo antes y se le castigará por sus maldades".





