Se cuenta que, seguido por los verdugos, entró en una cueva, donde las arañas tejieron una tela en breves instantes, librándole así de sus perseguidores. El temple de héroe de nuestro Félix se manifestó esplendorosamente en los años terribles de las persecuciones desencadenadas por Decio (a. 245 - 50) y Valeriano (256). Félix, aunque tenido con razón como mártir, no llegó a sufrir la pena capital ni el proceso judicial reglamentario que nos hubiera podido proporcionar las más preciadas noticias, como las que nos ofrecen las actas del proceso seguido en la misma época a San Cipriano, el santo obispo de Cartago. Millares de peregrinos acudían a Nola cada año por la festividad de San Félix, el 15 de enero, a pesar del tiempo poco propicio para viajar, principalmente peregrinos venidos de Roma, la ciudad santa. Los campesinos invocaban al santo presbítero como especial protector de sus ganados. Los sospechosos de falsos testimonios eran llevados, aun desde lejanos países, ante el sepulcro, en donde se manifestaba su inocencia o su perjurio. San Agustín quiso remitir a Nola a un acusador de graves crímenes contra uno de sus clérigos. Gregorio de Tours explica otras maravillas obradas junto a la tumba venerada.

San Félix

256

14 de Enero
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