San Honorato, obispo de Arles, abad de Fondi, en Campania,
429. Había nacido de una familia consular romana establecida en la
Galia, y era muy versado en las artes liberales. Siendo joven, había
renunciado a la adoración de los ídolos y había ganado
a Cristo a su hermano Venancio, a quien inspiró igualmente el desprecio
del mundo. Ambos deseaban retirarse de él, pero su padre les oponía
constantes obstáculos. Finalmente, se embarcaron en Marsella, llevando
consigo como padre espiritual al ermitaño San Caprasio, con rumbo a
Grecia, donde querían vivir ignorados en algún desierto. Venancio
murió al poco tiempo, en Modón. Honorato, que había caído
enfermo también, se vio obligado a volver a la Galia con su maestro.
Primero vivió como ermitaño en las montañas próximas
a Fréjus. Cerca de la costa hay dos islitas: la de Santa Margarita,
que entonces se llamaba Lero, y otra más pequeña y lejana, que
dista dos leguas de Antibes, llamada entonces Lérins y actualmente
San Honorato, en honor de nuestro santo que ahí se estableció.
Cuando se le unieron otros compañeros, hacia el año 400, fundó
el famoso monasterio de Lérins. Al gunos de sus compañeros vivían
en comunidad y otros como anacoretas en celdas aisladas. San Honorato calcó
la mayor parte de sus reglas en las de San Pacomio. Nada más atractivo
que la descripción que hace San Hilario de Arles de las virtudes de
esa comunidad de hombres de Dios, especialmente de la caridad y devoción
que reinaban entre ellos. Una encantadora leyenda, desgraciadamente muy posterior,
cuenta cómo Margarita, la hermana de Honorato, convertida finalmente
del paganismo, fue a establecerse en la isla de Lerins para estar cerca de
su hermano. Honorato prometió, no sin cierta dificultad, visitarla
una vez al año, en la época de las mimosas. En cierta ocasión,
Margarita, acosada de una cruel desolación de espíritu, deseaba
ardientemente recibir los consejos de su hermano. Faltaban aún dos
meses para que florecieran las mimosas, pero Margarita se arrodilló
a hacer oración. Súbitamente, el aire se cargó de un
perfume conocido; Margarita levantó los ojos y vio que junto a ella
había florecido un árbol de mimosas. Margarita cortó
algunas flores y las envió a su hermano, quien comprendió al
punto y acudió fraternalmente a socorrerla. Fue la última vez
que se vieron, pues Margarita murió poco después. Honorato,
obligado a aceptar la sede epis copal de Arles en 426, murió allí
en 429, agotado por las austeridades y el trabajo apostólico. Según
asegura su sucesor, San Hilario, el estilo de sus cartas era claro y uncioso,
delicado, elegante y lleno de suavidad. Es lástima que se hayan perdido
sus escritos. El cuerpo del santo fue trasladado a Lérins en 1931,
de suerte que la tumba del altar mayor de la iglesia que lleva su nombre en
Arles, está vacía.
San Honorato
429
