San Luis Gonzaga
Año 1591
Luis en alemán significa: batallador glorioso
San
Luis Gonzaga nació en Castiglione, Italia, en 1.568.
Hijo del marqués de Gonzaga; de pequeño aprendió las
artes militares y el más exquisito trato social. Siendo niño
sin saber lo que decía, empezó a repetir palabras groseras que
les había oído a los militares, hasta que su maestro lo corrigió.
También un día por imprudencia juvenil hizo estallar un cañón
con grave peligro de varios soldados. De estos dos pecados lloró y
se arrepintió toda la vida.
La primera comunión se la dio San Carlos Borromeo, Arzobispo de Milán.
San Luis estuvo como edecán en palacios de altos gobernantes, pero
nunca fijó sus ojos en el rostro de las mujeres. Y así se libró
de muchas tentaciones.
Su director espiritual fue el gran sabio jesuita San Roberto Belarmino, el
cual le aconsejó tres medios para llegar a ser santo: 1º. Frecuente
confesión y comunión. 2º. Mucha devoción a la Sma.
Virgen. 3ro. Leer vidas de Santos.
Ante una imagen de la Sma. Virgen en Florencia hizo juramento de permanecer
siempre puro. Eso se llama "Voto de castidad".
Cuando iba a hacer o decir algo importante se preguntaba: "¿De
qué sirve esto para la eternidad?" y si no le servía para
la eternidad, ni lo hacía ni lo decía.
Una vez arrodillado ante la imagen de Nuestra Señora del Buen Consejo,
le pareció que la Sma. Virgen le decía: "¡Debes entrar
en la Compañía de mi Hijo!". Con esto entendió que
su vocación era entrar en la Comunidad Compañía de Jesús,
o sea hacerse jesuita.
Le pidió permiso al papá para hacerse religioso, pero él
no lo dejó. Y lo llevó a grandes fiestas y a palacios y juegos
para que se le olvidara su deseo de ser sacerdote. Después de varios
meses le preguntó: "¿Todavía sigue deseando ser
sacerdote?", y el joven le respondió: "En eso pienso noche
y día". Entonces el papá le permitió entrar de jesuita.
(En un desfile de orgullosos jinetes en caballos elegantes, Luis desfiló
montado en un burro y mirando hacia atrás. Lo silbaron pero con eso
dominó su orgullo).
En 1581 el joven Luis Gonzaga, que era seminarista y se preparaba para ser
sacerdote, se dedicó a cuidar a los enfermos de la peste de tifo negro.
Se encontró en la calle a un enfermo gravísimo. Se lo echó
al hombro y lo llevó al hospital para que lo atendieran. Pero se le
contagió el tifo y Luis murió el 21 de junio de 1591, a la edad
de sólo 23 años. Murió mirando el crucifijo y diciendo
"Que alegría cuando me dijeron: vamos a la casa del Señor".
La mamá logró asistir en 1621 a la beatificación de su
hijo.
San Luis Gonzaga tuvo que hacer muchos sacrificios para poder mantenerse siempre
puro, y por eso la Santa Iglesia Católica lo ha nombrado Patrono de
los Jóvenes que quieren conservar la santa pureza. El repetía
la frase de San Pablo: "Domino mi cuerpo y lo reduzco a servidumbre,
no sea que enseñando a otros a salvarse, me condene yo mismo".
Sufría mucho de mal de riñones y esta enfermedad lo obligaba
a quedarse días enteros quieto en su cama. Pero esta quietud le trajo
un gran bien: le permitió dedicarse a leer las Vidas de Santos, y esto
lo animó muchísimo a volverse mejor. (A veces sentía
remordimiento porque le parecía que deseaba demasiado irse al cielo).
Su confesor San Roberto, que lo acompañó en la hora de la muerte,
dice que Luis Gonzaga murió sin haber cometido ni un sólo pecado
mortal en su vida.
Apenas el hijo se hizo religioso su padre empezó a volverse mucho más
piadoso de lo que era antes y murió después santamente. Luis
renunció a todas las grandes herencias que le correspondían
con tal de poder hacerse religioso y santo.
Santa Magdalena de Pazzi vio en un éxtasis o visión a San Luis
en el cielo, y decía: "Yo nunca me había imaginado que
Luis Gonzaga tuviera un grado tan alto de gloria en el paraíso".
Un oficio muy importante que hizo San Luis durante su vida fue ir de ciudad
en ciudad poniendo la paz entre familias que estaban peleadas. Cuando él
era enviado a poner paz entre los enemistados, estos ante su gran santidad,
aceptaban hacer las paces y no pelear más. El era extraordinariamente
amable y bien educado.
Después de muerto se apareció a un jesuita enfermo, y lo curó
y le recomendó que no se cansara nunca de propagar la devoción
al Sagrado Corazón de Jesús.
San Luis fue avisado en sueños que moriría el viernes de la
semana siguiente al Corpus, y en ese día murió. Ese viernes
es la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús.
La oración que la Iglesia le dirige a Dios en la fiesta de este santo
le dice: "Señor: ya que no pudimos imitar a San Luis en la inocencia,
que por lo menos lo logremos imitar en la penitencia. Amén".