San Paulino de Nola
Obispo
Año 431
San Francisco de Sales decía que para San Paulino
existía un octavo sacramento que consistía en ser exquisitamente
amable y bien educado con todos. Ojalá lográramos imitarlo en
esta bella cualidad.
Pocos
santos que hayan hecho tantos esfuerzos por mantenerse ignorados por todos
y pasar desapercibidos, como San Paulino de Nola, y pocos como él que
hayan recibido en vida tantas alabanzas de grandes sabios y santos. San Jerónimo,
San Ambrosio, San Agustín y San Gergorio de Tours hicieron grandes
elogios de él y lo presentaron ante los demás como un modelo
de obispo, de apóstol y de verdadero amigo.
Nació San Paulino en Burdeos, Francia, en el año 353. Su padre
era gobernador y su familia sumamente rica. Tuvo como maestros en su infancia
los más famosos literatos de la región y según cuenta
San Jerónimo, cuando Paulino llegó a la juventud dejaba admiradas
a las gentes por la elegancia de sus estilos al hablar y al escribir.
Nombrado para altos puestos en el gobierno tuvo que viajar por diversos países
y en todas partes hizo muy buenas amistades, porque tenía un trato
muy agradable y exquisito. En Milán se hizo amigo de San Ambrosio y
de San Agustín. Y por carta mantuvo muy provechosas relaciones intelectuales
con el gran sabio San Jerónimo.
Al trabar relaciones con San Delfín, obispo de Burdeos, se entusiasmó
por la religión cristiana y se hizo bautizar como católico.
Luego se fue a vivir a España y allá se casó con una
mujer sumamente piadosa, llamada Teresa, de la cual tuvo un hijo. Pero el
niño se murió a los ocho días de nacido, y entonces Paulina
y Teresa se propusieron vivir en adelante como dos hermanos y repartir sus
enormes riquezas entre los pobres. Así lo hicieron, y pronto fueron
vendiendo fincas y casas y repartiendo el dinero entre los más necesitados.
Y resultó que llevaba una vida tan santa que en la Navidad del año
393 el pueblo de Barcelona, España, pidió por aclamación
al Sr. Obispo que ordenara de sacerdote a Paulino. El Obispo aceptó
y lo ordenó, aunque estaba casado, pero él y su esposa vivían
ya como dos hermanos nada más.
Paulino y Teresa se fueron a vivir en Nola (Italia) donde tenían unas
posesiones y donde se veneraba con mucha fe la tumba de San Félix.
Allí junto a la tumba del santo construyeron una casita sencilla y
empezaron a vivir como verdaderos monjes, dedicados a la oración y
a la caridad para con los pobres.
Paulino fue a Roma, pero el Papa no lo recibió muy bien, porque no
aceptaba que lo hubieran ordenado sacerdote siendo casado (El próximo
Pontífice ya lo recibiría con mucho cariño porque le
habrán contado lo santamente que vive él en Nola).
Pronto la casa de Paulino en Nola se convirtió en el sitio preferido
para todos los pobres y necesitados de la región. El y su esposa, que
seguían siendo todavía muy ricos, repartían ayudas con
una generosidad extraordinaria. Y con su dinero le construyeron un hermoso
templo a San Félix, que era el santo más popular de allí
(Dicen que a San Paulino fue al que se le ocurrió llamar a las gentes
a las reuniones con un instrumento de metal que retumbara a lo lejos, y como
aquella región se llama Campania, por eso aquel instrumento se llamó
"campana").
En el año 409 al morir el obispo de Nola, todo el pueblo aclamó
a Paulino como nuevo obispo, y tuvo que aceptar. En adelante se dedicará
por toda su vida, hasta el año 431, a cuidar de la santidad de sacerdotes
y fieles.
A este santo le agradaban mucho dos clases de apostolados intelectuales: las
cartas y las poesías. Con la más exquisita gentileza y buena
educación se comunicaba por carta con infinidad de personas. De él
se conservan más de 50 cartas, que son modelo de buena redacción
y de muy amable caridad. Y en cuanto a poesías, cada año en
la fiesta de San Félix componía un poema en honor de su santo
preferido, y lo hacía recitar y difundir entre el pueblo. Se conservan
13 de esos poemas, que colocan a San Paulino como uno de los mejores poetas
de su tiempo.
Paulino fue gastando todas sus inmensas riquezas en ayudar a los más
necesitados hasta quedar él totalmente pobre. Y sucedió que
cuando en el año 410 llegaron a Nola los terribles vándalos
del rey Gensérico se llevaron muchos prisioneros y esclavos y entre
ellos al hijo único de una pobre viuda. Entonces nuestro santo se ofreció
él personalmente para reemplazar a aquel joven. Le fue aceptado el
canje y dejaron libre al muchacho.
Pero sucedió que en el viaje, Dios cambió un poco el corazón
de aquellos bárbaros y devolvieron libres al obispo Paulino y a los
demás prisioneros, en un barco hacia Nola, y el barco lo enviaron cargado
de víveres.
Cuando el santo ya estaba moribundo, vino el ecónomo a avisarle que
se debían 40 monedas de unas telas que se habían comprado para
vestidos de los pobres. El santo exclamó mirando al cielo: "Dios
proveerá". Y a los pocos minutos llegó un mensajero trayendo
un envío que hacían para los menesterosos: era un paquetico
con 40 monedas de plata. El obispo juntó las manos y exclamó:
"¡Bendito sea Dios que nunca me falló en nada!".
Murió San Paulino en el año 431 y fue sepultado en la iglesia
de San Félix, pero después de muerto obtuvo tantos milagros,
que llegó a ser más popular que el mismo San Félix, al
cual él tanto había popularizado entre el pueblo.