30 de Abril
San Pío V
Sumo Pontífice
(1.572)

Historia
Pío significa: el piadoso que cumple bien sus deberes con Dios.
Se llama Quinto, porque antes de él hubo otros cuatro
Pontífices que llevaron el nombre de Pío.
Nació en un pueblo llamado Bosco, en Italia, en 1504. Sus padres eran
muy piadosos pero muy pobres. Aunque era un niño muy inteligente, sin
embargo hasta los 14 años tuvo que dedicarse a cuidad ovejas en el
campo, porque los papás no tenían con qué costearle estudios.
Pero la vida retirada en la soledad del campo le sirvió mucho para
dedicarse a la piedad y a la meditación, y la gran pobreza de la familia
le fue muy útil para adquirir gran fortaleza para soportar los sufrimientos
de la vida. Más tarde será también Pastor de toda la
Iglesia.
Una familia rica notó que su hijo Antonio se comportaba mejor desde
que era amigo de nuestro santo, y entonces dispuso costearle los estudios
para que acompañaran a Antonio y le ayudara a ser mejor. Y así
pudo ir a estudiar con los Padres Dominicos y llegar a ser religiosos de esa
comunidad. Nunca olvidará el futuro Pontífice este gran favor
de tan generosa familia. En la comunidad le fueron dando cargos de muchos
importancia: Maestro de novicios, Superior de varios conventos. Y muy pronto
el Sumo Padre, el Papa, lo nombró obispo. Tenía especiales cualidades
para gobernar.
Como el protestantismo estaba invadiendo todas las regiones y amenazaba con
quitarle la verdadera fe a muchísimos católicos, el Papa nombró
a nuestro santo como encargado de la asociación que en Italia defendía
a la verdadera religión. Y él, viajando casi siempre a pie y
con gran pobreza, fue visitando pueblos y ciudades, previniendo a los católicos
contra los errores de los evangélicos y luteranos, y oponiéndose
fuertemente a todos los que querían atacar nuestra religión.
Muchas veces estuvo en peligro de ser asesinado, pero nunca se dejaba vencer
por el temor. Con los de buena voluntad era sumamente bondadoso y generoso,
pero para con los herejes demostraba su gran ciencia y sus dotes oratorias
y los iba confundiendo y alejando, en los sitios a donde llegaba.
El Papa, para premiarles sus valiosos servicios y para tenerlo cerca de él
como colaborador en Roma, lo nombró Cardenal y encargado de dirigir
toda la lucha en la Iglesia Católica en defensa de la fe y contra los
errores de los protestantes.
Al morir el Papa Pío IV, San Carlos Borromeo les dijo a los demás
cardenales que el candidato más apropiados para ser elegido Papa era
este santo cardenal. Y lo eligieron y tomó el nombre de Pío
Quinto. Antes se llamaba Antonio Chislieri.
Antes se acostumbraba que al posesionarse del cargo un nuevo Pontífice,
se diera un gran banquete a los embajadores y a los jefes políticos
y militares de Roma. Pío Quinto ordenó que todo lo que se iba
a gastar en ese banquete, se empleará en darles ayudas a los pobres
y en llevar remedios para los enfermos más necesitados de los hospitales.
Cuando recién posesionado, iba en procesión por Roma, vio en
una calle al antiguo amigo Antonio, aquel cuyos papás le habían
costeado a él los estudios y lo llamó y lo nombró gobernador
del Castillo Santángelo, que era el cuartel del Papa. La gente se admiró
al saber que el nuevo Pontífice había sido un niño muy
pobre y comentaban que había llegado al más alto cargo en la
Iglesia, siendo de una de las familias más pobres del país.
Pío
Quinto parecía un verdadero monje en su modo de vivir, de rezar y de
mortificarse. Comía muy poco. Pasaba muchas horas rezando. Tenía
tres devociones preferidas La Eucaristía (celebraba la Misa con gran
fervor y pasaba largos ratos de rodillas ante el Santo Sacramento) El Rosario,
que recomendaba a todos los que podía. Y la Santísima Virgen
por la cual sentía una gran devoción y mucha confianza y de
quién obtuvo maravillosos favores.
Las gentes comentaban admiradas: - Este sí que era el Papa que la gente
necesitaba". Lo primero que ordenó fue que todo obispo y que todo
párroco debía vivir en el sitio para donde habían sido
nombrados (Porque había la dañosa costumbre de que se iban a
vivir a las ciudades y descuidaban la diócesis o la parroquia para
la cual los habían nombrado). Prohibió la pornografía.
Hizo perseguir y poner presos a los centenares de bandoleros que atracaban
a la gente en los alrededores de Roma. Visitaba frecuentemente hospitales
y casas de pobres para ayudar a los necesitados. Puso tal orden en Roma que
los enemigos le decían que él quería convertir a Roma
en un monasterio, pero los amigos proclamaban que en 300 años no había
habido un Papa tan santo como él. Las gentes obedecían sus leyes
porque le profesaban una gran veneración.
En las procesiones con el Santísimo Sacramento los fieles se admiraban
al verlo llevar la custodia, con los ojos fijos en la Santa Hostia, y recorriendo
a pie las calles de Roma con gran piedad y devoción. Parecía
estar viendo a Nuestro Señor.
Publicó un Nuevo Misal y una nueva edición de La Liturgia de
Las Horas, o sea los 150 Salmos que los sacerdotes deben rezar. Publicó
también un Catecismo Universal. Dio gran importancia a la enseñanza
de las doctrinas de Santo Tomás de Aquino en los seminarios, porque
por no haber aprendido esas enseñanzas muchos sacerdotes se habían
vuelto protestantes.
Aunque era flaco, calvo, de barba muy blanca y bastante pálido las
gentes comentaban: "El Papa tiene energías para diez años
y planes de reformas para mil años más".
Los mahometanos amenazaban con invadir a toda Europa y acabar con la Religión
Católica. Venían desde Turquía destruyendo a sangre y
fuego todas las poblaciones católicas que encontraban. Y anunciaron
que convertirían la Basílica de San Pedro en pesebrera para
sus caballos. Ningún rey se atrevía a salir a combatirlos.
Pío Quinto con la energía y el valor que el caracterizaban,
impulsó y buscó insistentemente la ayuda de los jefes más
importantes de Europa. Por su cuenta organizó una gran armada con barcos
dotados de lo mejor que en aquel tiempo se podía desear para una batalla.
Obtuvo que la república de Venecia le enviara todos sus barcos de guerra
y que el rey de España Felipe II le colaborar con todas sus naves de
combate. Y así organizó una gran flota para ir a detener a los
turcos que venían a tratar de destruir la religión de Cristo.
Y con su bendición los envió a combatir en defensa de la religión.
Puso como condición para estar seguros de obtener de Dios la victoria,
que todos los combatientes deberían ir bien confesados y habiendo comulgado.
Hizo llegar una gran cantidad de frailes capuchinos, franciscanos y dominicos
para confesar a los marineros y antes de zarpar, todos oyeron misa y comulgaron.
Mientras ellos iban a combatir en las aguas del mar, el Papa y las gentes
piadosas de Roma recorrían las calles, descalzos, rezando el rosario
para pedir la victoria.
Los mahometanos los esperaban en el mar lejano con 60 barcos grandes de guerra,
220 barcos medianos, 750 cañones, 34.000 soldados especializados, 13.000
marineros y 43.000 esclavos que iban remando. El ejército del Papa
estaba dirigido por don Juan de Austria (hermano del rey de España).
Los católicos eran muy inferiores en número a los mahometanos.
Los dos ejércitos se encontraron en el golfo de Lepanto, cerca de Grecia.
El
Papa Pío Quinto oraba por largos ratos con los brazos en cruz, pidiendo
a Dios la victoria de los cristianos. Los jefes de la armada católica
hicieron que todos sus soldados rezaran el rosario antes de empezar la batalla.
Era el 7 de octubre de 1.571 a mediodía. Todos combatían con
admirable valor, pero el viento soplaba en dirección contraria a las
naves católicas y por eso había que emplear muchas fuerzas remando.
Y he aquí que de un momento a otro, misteriosamente el viento cambió
de dirección y entonces los católicos, soltando los remos se
lanzaron todos al ataque. Uno de esos soldados católicos era Miguel
de Cervantes. El que escribió El Quijote.
Don Juan de Austria con los suyos atacó la nave capitana de los mahometanos
donde estaba su supremo Almirante, Alí, le dieron muerte a éste
e inmediatamente los demás empezaron a retroceder espantados. En pocas
horas, quedaron prisioneros 10.000 mahometanos. De sus barcos fueron hundidos
111 y 117 quedaron en poder de los vencedores. 12.000 esclavos que estaban
remando en poder de los turcos quedaron libres.
En aquel tiempo las noticias duraban mucho en llegar y Lepanto quedaba muy
lejos de Roma. Pero Pío Quinto que estaba tratando asuntos con unos
cardenales, de pronto se asomó a la ventana, miró hacia el cielo,
y les dijo emocionado: "Dediquémonos a darle gracias a Dios y
a la Virgen Santísima, porque hemos conseguido la victoria". Varios
días después llegó desde el lejano Golfo de Lepanto,
la noticia del enorme triunfo. El Papa en acción de gracias mandó
que cada año se celebre el 7 de octubre la fiesta de Nuestra Señora
del Rosario y que en las letanías se colocara esta oración "María,
Auxilio de los cristianos, ruega por nosotros" (propagador del título
de Auxiliadora fue este Pontífice nacido en un pueblecito llamado Bosco.
Más tarde un sacerdote llamado San Juan Bosco, será el propagandista
de la devoción a María Auxiliadora).
Pío V murió el 1 de mayo de 1.572 a los 68 años de edad
y fue declarado santo por el Papa Clemente XI en 1.712.