San
Quirino, Obispo, en Siscia de la Esclavonia; el cual en tiempo del prefecto
Galerio, por defender la fe de Jesucristo, como escribe Prudencio, fue arrojado
en un río con una rueda de molino atada al cuello; más sobrenadando
la piedra, estuvo el Santo largo tiempo exhortando a los Cristianos que lo
miraban a que no se atemorizasen por su muerte, sino que se mantuviesen constantes
en la fe; hasta que deseoso de la gloria del martirio, hizo oración
y consiguió hundirse con la piedra en el agua.