31 de Enero
San Tarcisio
Mártir
La
Iglesia Católica ha tenido muy especial cariño a este joven
que con tanto amor llevaba la Comunión a los prisioneros y con tan
enorme valor supo defender la Santa Eucaristía de los enemigos que
intentaban profanarla.
"No echéis a los perros lo sagrado ni a los cerdos lo muy valioso
porque se volverán contra vosotros."
Oración
San Tarcisio: mártir de la Eucaristía, pídele a Dios que todos y en todas partes demostremos un inmenso amor y un infinito respeto al Santísimo Sacramento donde está nuestro amigo Jesús, con su Cuerpo, su Sangre, su Alma y su Divinidad
Historia
San Tarcisio era un acólito
o ayudante de los sacerdotes en Roma. Después de participar en una
Santa Misa en las Catacumbas de San Calixto fue encargado por el obispo para
llevar la Sagrada Eucaristía a los cristianos que estaban en la cárcel,
prisioneros por proclamar su fe en Jesucristo. Por la calle se encontró
con un grupo de jóvenes paganos que le preguntaron qué llevaba
allí bajo su manto. El no les quiso decir, y los otros lo atacaron
ferozmente para robarle la Eucaristía. El joven prefirió morir
antes que entregar tan sagrado tesoro. Cuando estaba siendo apedreado llegó
un soldado cristiano y alejó a los atacantes. Tarcisio le encomendó
que les llevara la Sagrada Comunión a los encarcelados, y murió
contento de haber podido dar su vida por defender el Sacramento y las Sagradas
formas donde está el Cuerpo y la Sangre de Cristo.
El libro oficial de las Vidas de Santos de la Iglesia, llamado "Martirologio
Romano" cuenta así la vida de este santo: "En Roma, en la
Vía Apia fue martirizado Tarcisio, acólito. Los paganos lo encontraron
cuando transportaba el Sacramento del Cuerpo de Cristo y le preguntaron qué
llevaba. Tarcisio quería cumplir aquello que dijo Jesús: "No
arrojen las perlas a los cerdos", y se negó a responder. Los paganos
lo apalearon y apedrearon hasta que exhaló el último suspiro
pero no pudieron quitarle el Sacramento de Cristo. Los cristianos recogieron
el cuerpo de Tarcisio y le dieron honrosa sepultura en el Cementerio de Calixto".
Sobre su tumba escribió el Papa San Dámaso este hermoso epitafio:
"Lector que lees estas líneas: te conviene recordar que el mérito de Tarcisio es muy parecido al del diácono San Esteban, a ellos los dos quiere honrar este epitafio. San Esteban fue muerto bajo una tempestad de pedradas por los enemigos de Cristo, a los cuales exhortaba a volverse mejores. Tarcisio, mientras lleva el sacramento de Cristo fue sorprendido por unos impíos que trataron de arrebatarle su tesoro para profanarlo. Prefirió morir y ser martirizado, antes que entregar a los perros rabiosos la Eucaristía que contiene la Carne Divina de Cristo".